8 noviembre, 2019

Secretos de Armarios

Secretos de Armarios

¿No os ha pasado nunca que alguien abre un armario de ropa en su casa, estando vosotras presentes, y os viene de pronto un olor a limpio y a suave típico de cuando abres el bote de Perlan? Yo luego intento imitar lo mismo y lo único que consigo es abrir las puertas de mi armario emocionada con ganas de encontrar una brisa fresca y lo que encuentro es el mismo no-olor de siempre. Y aun dando gracias porque hace menos de tres meses a lo que olía era a humedad.

Resulta que da igual si tu armario es empotrado o superpuesto, porque como la madera, o la pared, coja ese olor típico a humedad y que no necesariamente tiene que ser visible, toda tu ropa acabará oliendo igual, os lo digo por experiencia. Y si os dais de bruces con un casi así, ya os adelanto que limpiar y perfumar no servirá de nada, tendréis que cambiar el armario. Yo aproveché y esta fábrica de armarios en Alicante me diseñó un armario ropero impresionante, que es el que tengo ahora. Así que solo me falta conseguir esa brisa fresca al abrir sus puertas. ¿Y cómo puedo lograrlo?

La ropa recién lavada es algo que gusta a todo el mundo. Ese olor a suavizante, y esa frescura son inimitables. Otra cosa es el tema del tiempo que perdure la fragancia, aunque los buenos productos suelen dejar más tiempo en las prendas su aroma.

Ahora bien, ¿por qué motivos puede perder la ropa ese aroma a recién lavado dentro del armario? Pues, como ya he dicho, el principal motivo suele ser la humedad, y tenemos que diferencias muy bien cuando hablamos de humedad en madrea (como ya he dicho) o paredes, que no puedes evitar si no cambiar dicha madera, y de humedad externa, porque esta última sí puede tener solución.

Cómo controlar la humedad

Para evitar el olor la humedad que se genera dentro de los armarios a pesar de que estos no tengan realmente humedad en la madera, lo principal es ventilar. Lógicamente no vamos a tener las puertas del armario abiertas todo el día, pero tal vez sí sería interesante mantenerlas abiertas durante diez minutos al día mientras hacemos la cama en la habitación y barremos el suelo, por ejemplo.

Otros trucos son usar sacos de malla con sal de roca, carbón, arroz o tiza, ya que estos materiales absorben la humedad impidiendo que lo haga la ropa. Eso sí, acuérdate de sustituir esos sacos periódicamente porque de lo contrario no servirían de nada.

Ropa limpia y seca

Puede parecer que está casi seca, y como han dicho en televisión que “viene lloviendo”, pues hemos preferido guardar la ropa tal y como está: craso error. La ropa, si no está completamente seca, por muy buen aroma de suavizante que tenga, acabará dejando olor a humedad tanto en ella misma, como en la ropa que haya dentro del armario.

Evita la naftalina

Puede que sea perfecta para acabar con las polillas y mantenerlas alejadas, pero puedes conseguir como efecto adverso, que toda tu ropa huela a naftalina o, lo que es lo mismo, a la ropa de la abuela en el pueblo. La mejor alternativa es la viruta de cedro, que aleja a polillas y resulta efectiva contra malos olores y pececillos de plata.

Ambientadores caseros

Crea bolsitas, o incluso puedes hacerlo con pañuelos, con ramas de lavanda, pieles de limón, cera de vela o pastillas de jabón ralladas.

Naranja y clavo

Otra buena forma de conseguir buenos olores es hacer agujeros a una naranja y meter, en ellos, pequeños clavos de olor. Luego coloca la naranja al fondo del armario y así verás cómo la ropa se llena de un agradable  olor a cítrico.

Bolsas de Té

También es muy interesante usar bolsas de té para conseguir que nuestro armario huela bien. Solo tienes que meterlas dentro del armario y si no te gusta el olor fuerte, puedes añadir unas gotas de aceite esencial. Verás cómo funciona.

¿Sabéis cuál es el problema de todo esto? Pues que además de conocer estos trucos, luego tienes que aplicarlos, y eso ya es más complicado. Por lo menos para mí. Soy una persona poco ordenada y algo olvidadiza que, o tiene muy intrínseca y mecanizada una rutina o la olvidará con total seguridad, así que imaginad la de veces que he querido aplicar estos consejos en mi propio armario y  luego pensad en el número de veces que he fracasad: todas y cada una de ellas.