7 marzo, 2015

¿Respetan las modas a la BBC?

¿Respetan las modas a la BBC?

A pesar de que ahora se haya visto desprestigiada por su asociación al tridente ofensivo del Real Madrid –Benzema, Bale y Cristiano Ronaldo-, las siglas BBC hacen referencia a algo más antiguo y respetable que esta tripleta de delanteros. ¿A la British Broadcasting Corporation, reverenciada por su objetividad y eficiencia al servicio de la información de los súbditos de la Reina? No. A algo con mayor solera y enjundia, tradición y alegría. A la sagrada trinidad de fiestas entre familias y colegas: las bodas, bautizos y comuniones. Sin embargo, algunos de los componentes de este trío de ceremonias están perdiendo su esencia castiza a causa de la modernidad y las modas que todo lo arrasan. ¿Regalos para bautizos personalizados? ¿Comuniones sin merienda cena de medianoches de jamón de york con queso? ¿Bodas donde el tío cincuentón recién llegado del pueblo no se pone la corbata en la frente, a ras de calva, para despendolarse bailando “el venao, el venao, eso es lo que a mí me mortifica”?

¿Qué sería de nosotros si dejamos las tradiciones de la BBC al albur caprichoso de las modas? ¿Dónde si no en la boda de Toñín el Torero con Jessi la de las mechas rubias hubiera conocido la prima Paqui a Ramontxu, el auténtico amor de su vida? ¿Qué harían ahora los dos con esa ropa de bebe personalizada con la foto de ambos enmarcados en un corazón y el rótulo “Mi cosita rica” que tienen preparada para su descendencia, sea del género, el color o el tamaño que sea? Porque, que uno recuerde, hace ya muchos, muchos años que no ve a un grupo de críos correteando por la calle persiguiendo y rodeando al grito de “padrino roñoso, echa la mano al bolso” a un hombre de mediana edad vestido con traje negro, camisa malva y coloretes etílicos mal disimulados. Pero también es cierto que (uno), un servidor lleva décadas sin asistir a un bautizo y que (dos) los chavales ya ni siquiera salen el 24 de diciembre a pedir el aguinaldo. Nunca se les abría la puerta y siempre violaban la santidad de la siesta, pero ya hasta se echa de menos. Lo más semejante que he visto en el último lustro a pedir el aguinaldo fue una pareja de niños marroquíes de unos ocho años y que, armados con las flautas dulces de ir a clase, iban de puerta en puerta por los vecinos del bloque. Encomiable afán de integración que, no obstante, dejaba todavía cosas por pulir, porque ya entonces era día 25 y, aunque tenían buen repertorio de villancicos, lo de los rezos lo hacían raro y a deshora.

En cualquier caso, he ahí una reflexión: ¿hemos conseguido que los chavales sean menos materialistas y consideren inoportuno asediar a sus mayores en pos de cuatro duros, uno de ellos falso? ¿O es que, encerrados en su burbuja desprovista de sentimientos y empatía ni siquiera se molestan ya en chantajear emocionalmente a sus familiares? ¿El premio de la calderilla de venir a comprar del Carrefour ya no les supone un incentivo suficiente para fingir cariño? Maldita sea, antes un caramelo de café, que jamás hubo crío al que le gustaran, era el único pago para soportar los pellizcos en los cachetes que propinaban las amigas de ambulatorio de la abuela…

Pero si antes mencionábamos los regalos de bebé personalizados como ejemplo de la irrupción de la modernidad en la tradición, cabe preguntarse entonces si los cuadros infantiles personalizados también sustituirán como regalo estándar de las comuniones a esos relojes con calculadora que, en el caso de los niños más afortunados, incorporaban un sistema electrónico para cambiar el canal de la tele, exclusivamente ideado para tocar las narices a la profesora que se le había ocurrido repescar el VHS de El quijote, protagonizado por Fernando Rey y Alfredo Landa, o hacer llorar de rabia y tensión a los acérrimos de la selección española a los que, misteriosamente, se les aparece el telediario de Telecinco justo cuando Diego Costa se internaba en el área de la República Checa en las semifinales de la Copa del Mundo. Sin embargo, es cierto que sin un regalo acorde a las expectativas de esta juventud de hoy en día, ¿cómo se les podría convencer de ir a ver el cura de la parroquia a que les dé la primera hostia de las muchas que irán recibiendo a lo largo de su existencia?

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