El eterno retorno de la moda urbana

El eterno retorno de la moda urbana

La ropa urbana es el principal blanco del cambio de las modas. Lo que vestimos ayer, nos provoca vergüenza hoy; lo que vestimos hoy, nos sacará los colores mañana. Pero, pasado mañana, acudiremos de nuevo en masa a la tienda de ropa urbana online para repescar aquellas prendas que otrora ocultamos en lo más profundo del desván y que, hasta el momento, habíamos renegado de ellas como alma que lleva el diablo.

Para cualquier joven nacido a mediados de los ochenta, basta con nombrarle una pieza de ropa en concreto y, ante él, como si hubiese mordido la magdalena de Proust, comenzarán a brotar bochornosos recuerdos de sus primeras noches de fiesta, asociados a una estética macarra y parafascista que

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Qué fue de los carnavales

Qué fue de los carnavales

El Carnaval no solo es una fiesta de disfraces. El Carnaval es revolución. Aunque su existencia se remonta a tiempos de los sumerios y los egipcios –a ver quién es el guapo que rechaza cogerse una borrachera y echarse unas risas viendo cómo tú y tus colegotas armáis jaleo travestidos de meretrices amorreas-, en el origen del carnaval, tal y como lo conocemos, se encuentra la congoja que le producía al hombre medieval la gris expectativa de pasarse los cuarenta días de la cuaresma sin tocar la carne bajo pena de pecado mortal, en conmemoración de las penalidades sufridas por el Señor en su travesía por el desierto. El ansia de tener el jamón colgado en la cocina y solo poder babear ante él, ya se sabe.

El asunto es que, en vista de la ira reconcentrada que solían acumular los desafortunados penitentes, se decidió instituir una última gran parranda en la que se pudiera dar rienda suelta a todos los bajos instintos. Por entendernos, es el equivalente a fumar tres cartones de Celtas el día antes de dejar el tabaco. A pegarte el atracón de pepitos de crema mientras rellenas el formulario de inscripción del gimnasio. A llamar a todas tus exparejas en busca de un último revolcón por compasión a una semana de entrar en la cárcel a causa de levantar aquella estafa piramidal que tanta prosperidad te prometía.

Qué fue de los carnavalesDe este modo, la fiesta de carnaval otorgaba un día carta blanca respetada por las autoridades y en el que la permisividad era casi absoluta. Ocultos tras sus disfraces, los ciudadanos podían revertir el orden social, proclamarse reyes, hacer burlas acerca del poder establecido que nunca se atreverían a hacer en otras circunstancias, dar rienda suelta a sus apetitos más libidinosos… El día del caos antes del puritanismo estricto y mustio de la cuaresma.

Quién diría que, en la actualidad, todo este ilustre pasado queda reducido a una triste coartada para que tu vecino del 5º B dé salida a su amplia galería de disfraces de mujer y trate de seducirte cuando vuelves del colmado de la esquina de comprar el pan. Porque el Carnaval, como ocurre con todo en esta vida, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

Por supuesto, el Carnaval ofrece la posibilidad de meterte en la piel y emular alguno de tus héroes de la infancia al menos una vez en la vida. Enfundado en la camiseta de imitación del Fútbol Club Barcelona, con el número 8 y el nombre rotulado de Hristo Stoichkov a la espalda –¿dónde se comprarían entonces las camisetas de imitación, dado que no podían encargarse por Internet al eficiente y servicial mercado negro tailandés?-, uno tenía de pequeño la oportunidad de llegar a clase con malas pulgas, gritar cuatro improperios con fingido acento búlgaro, pisar descaradamente el pie de la seño mientras te señalaba el camino para abandonar el aula y escupir en la cara del director en su propio despacho.

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Significado actual de las bodas

Significado actual de las bodas
Como dice la humorista argentina Charo López en uno de los ‘sketches’ del programa Cualca: “¿Cómo que te casás? ¿Pero vos sos gay? ¿No? Ah, pero yo pensé que los gays se casaban ahora nada más... ¿Es que es muy religiosa? ¿No? Rarísimo...” Pues sí, por lo visto la gente aún se casa. Aunque la cifra de matrimonios lleve los últimos treinta y cinco años en caída libre y alcanzase su número más bajo en el 2011, se ha producido un pequeño repunte en los dos últimos años. Las bodas civiles se han consolidado frente a las ceremonias religiosas y ahora dos de cada tres se producen fuera del seno de la Iglesia, pero eso sí, ya no abundan los matrimonios jóvenes y la media de edad se sitúa por encima de los treinta.
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La vida del estudiante, ¿tan buena como dicen?

La vida del estudiante, ¿tan buena como dicen?

¡Ah… La vida del estudiante! Qué bonita mezcla de alegría, ilusión, arrogancia y esa segura y firme sensación de poder comerte el mundo a cada paso. ¿Qué mejor sitio para manifestar estos estados de ánimo que en el ajetreado ecosistema de los campus universitarios?

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Las universidades aparecen en Europa a principios del segundo milenio. En Bolonia surge la primera que podríamos considerar como tal en el año 1089, ofreciendo a sus medievales y acaudalados alumnos (que no alumnas) conocimientos de Derecho, en primer lugar, y Teología, Medicina, etc., después. En España, al igual que nos ocurre con la moda y las tendencias musicales, tardamos unos cuantos años en enterarnos de estas nuevas herramientas de difusión del conocimiento. La primera surge en Palencia en el 1208, y esta acabaría conformando la Universidad de Valladolid. La famosa Universidad de Salamanca data de diez años después, en 1218, aunque ya había germinado desde el año 1130 a partir de unas Escuelas de la Catedral. Pero estos argumentos sirven poco más que para que palentinos y charros saquen pecho y se discutan su transcendencia durante alguna fiesta patronal o en bodas y comuniones. A partir de este momento, las universidades se expanden por todo el mundo conocido y llegan a América introducidas tras la conquista española.

En el municipio de Macuspana (en el estado mexicano de Tabasco) se encuentran manuscritos que datan de principios del siglo XVII en los que se describe así a los estudiantes universitarios: “…La gran mayoría de ellos han caído en hábitos de una vida disoluta y viciosa, aunque unos cuantos, después de varios años de sufrimiento y sacrificios, han obtenido posiciones respetables. (…) Los estudiantes toman cerveza en grandes cantidades, debido a que esta bebida es barata y accesible, y cada uno lleva su propia espada a sus clases. Se organizan en pandillas y, en estado de ebriedad, entran en las iglesias, ahogan con sus gritos la voz del sacerdote y agarran a las mujeres presentes para bailar con ellas…”. Está claro que lo de cualquier tiempo pasado fue mejor y que las fiestas universitarias son cosas de la juventud moderna es un mito. Porque siendo claros, la vida estudiantil universitaria siempre ha ido ligada a la diversión extramuros. Véanse tradiciones tan interesantes como la celebración del Lunes de Aguas en Salamanca (que era la alegría desatada entre los estudiantes por el regreso a la ciudad de las prostitutas, a través del río Tormes, tras su exilio durante la cuaresma) o las asociaciones como la tuna, una especie de cuñao’ de la picaresca, pero que se ha mantenido hasta nuestros días con más o menos glamour, incluso protagonizando bochornosos a la par de entrañables peliculones patrios como Tuno negro, donde lo más destacable es que Jorge Sanz (¡atención, spoiler!) muere, lo que puede verse como una sentida metáfora del cine español.

¿Es entonces todo alegría y diversión durante nuestra etapa universitaria? Según la filmografía estadounidense son fiestas continuas donde abundan el alcohol, las chicas fáciles, tipos musculosos del equipo de fútbol americano, nerds (nosotros) y aprobados sin casi estudiar a final de cada curso. Claro que según el cine americano en España vestimos con ponchos y tenemos un marcado acento mexicano. El primer contacto suele ser bastante dramático, una especie de segundo parto hacia un terreno desconocido de novatadas y forzosos comportamientos vergonzosos. Si nos inscribimos en una , hay que tener claro que, muy probablemente, tengamos que pasar por ese incómodo rito social y notablemente paleto. Si mantenemos la mente despejada podremos llegar a la conclusión de que sólo hay dos formas de superar ese momento: con actitud pragmática y sin dramatismos, aceptando las bromas y tratando de divertirte lo máximo posible o la segunda opción, la que no debes tomar. Eso sí, estas actividades siempre han de ser respetuosas con los novatos y con el fin de ayudarles a integrarse, rechazando todo tipo de comportamientos humillantes y agresivos por parte de los veteranos (gracias a los cuales los medios de comunicación rellenan sus informativos durante todos los meses de octubre). No todo son desventajas, ya que en estas residencias es fácil encontrar un buen grupo de amigos con los que compartir aficiones y estudios.

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El clásico de los propósitos por Año Nuevo

El clásico de los propósitos por Año Nuevo
31 de diciembre de 2011

Contemplo en el espejo mis incipientes michelines y carraspeo las flemas mañaneras. Las sombras que proyectan las bombillas del baño hacen que la melancolía inunde mi cerebro. Entre dos suspiros compungidos, me retrotraigo a mis días de gloria por los campos de fútbol. Yo, mediapunta fantasista de melena rizada al viento, media sonrisa canalla y vista de águila para quebrar los huecos de las defensas venidas de los pueblos de las inhóspitas estepas castellanas. De nuevo en el presente, frunzo el ceño y descerrajo un juramento contra mi reflejo en el cristal. Mañana, día 1 de enero del año entrante, prometo comprar unas botas de fútbol, quizás acharoladas y de colores llamativos, e inicio

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