Tendencias pasajeras

La moda es un mecanismo regulador de las elecciones de la gente, elaboradas según el gusto subjetivo asociado al gusto colectivo de la sociedad. Son tendencias asociadas a la vestimenta o el peinado, pero también a estilos de vida y comportamientos que influyen en las personas, hasta el punto de indicar qué se debe consumir o hacer, pudiendo extenderse incluso hasta ámbitos como qué música escuchar o adónde ir de viaje. Sigue leyendo

La moda de las cupcakes

La fiebre de los cupcakes es una moda que ha tenido mucha aceptación en España, un país de tradición repostera de origen andalusí y desarrollo en monasterios y conventos que se ha exportado fuera de nuestras fronteras.

Aunque ha sufrido algunas influencias por parte de la cocina francesa (famosa en el mundo entero durante el siglo XVIII), no deja de sorprender la alta popularidad de este dulce anglosajón mucho menos salubre que nuestra pastelería de obrador.

muffinsSi de algo ha carecido quizá siempre la repostería española es de un estilo decorativo realmente apetecible y elegante, siendo más fiable por el gusto que por el aspecto visual. Pero ya se conoce el dicho ese de que “la comida entra por los ojos”, y los cupcakes han traído con su repostería precisamente eso: mucha elegancia, creatividad y kilos de chocolate fondant cuya alta carga de azúcar nos lleva a comprar este producto repostero a pesar de su alto precio.

¡Pero si es una magdalena!

Muchos españoles insisten en la misma idea: una cupcake es una magdalena muy cara.

Visto así no se entiende tanto su éxito, pero el arte de la decoración de estas “magdalenas” es lo que ha llevado a muchos usuarios de la repostería a encontrar en ellas el objeto de su imaginación, convirtiendo la elaboración de estos dulces en una apasionante afición. Y es que la web está repleta de ofertas sobre cursos sobre la manipulación del fondant y páginas de creadores que venden sus diseños u ofrecen la confección de cupcakes personalizados, convirtiéndose en el regalo estrella de muchos cumpleaños y eventos. Sigue leyendo

Qué fue de los carnavales

El Carnaval no solo es una fiesta de disfraces. El Carnaval es revolución. Aunque su existencia se remonta a tiempos de los sumerios y los egipcios –a ver quién es el guapo que rechaza cogerse una borrachera y echarse unas risas viendo cómo tú y tus colegotas armáis jaleo travestidos de meretrices amorreas-, en el origen del carnaval, tal y como lo conocemos, se encuentra la congoja que le producía al hombre medieval la gris expectativa de pasarse los cuarenta días de la cuaresma sin tocar la carne bajo pena de pecado mortal, en conmemoración de las penalidades sufridas por el Señor en su travesía por el desierto. El ansia de tener el jamón colgado en la cocina y solo poder babear ante él, ya se sabe.

El asunto es que, en vista de la ira reconcentrada que solían acumular los desafortunados penitentes, se decidió instituir una última gran parranda en la que se pudiera dar rienda suelta a todos los bajos instintos. Por entendernos, es el equivalente a fumar tres cartones de Celtas el día antes de dejar el tabaco. A pegarte el atracón de pepitos de crema mientras rellenas el formulario de inscripción del gimnasio. A llamar a todas tus exparejas en busca de un último revolcón por compasión a una semana de entrar en la cárcel a causa de levantar aquella estafa piramidal que tanta prosperidad te prometía.

Qué fue de los carnavalesDe este modo, la fiesta de carnaval otorgaba un día carta blanca respetada por las autoridades y en el que la permisividad era casi absoluta. Ocultos tras sus disfraces, los ciudadanos podían revertir el orden social, proclamarse reyes, hacer burlas acerca del poder establecido que nunca se atreverían a hacer en otras circunstancias, dar rienda suelta a sus apetitos más libidinosos… El día del caos antes del puritanismo estricto y mustio de la cuaresma.

Quién diría que, en la actualidad, todo este ilustre pasado queda reducido a una triste coartada para que tu vecino del 5º B dé salida a su amplia galería de disfraces de mujer y trate de seducirte cuando vuelves del colmado de la esquina de comprar el pan. Porque el Carnaval, como ocurre con todo en esta vida, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

Por supuesto, el Carnaval ofrece la posibilidad de meterte en la piel y emular alguno de tus héroes de la infancia al menos una vez en la vida. Enfundado en la camiseta de imitación del Fútbol Club Barcelona, con el número 8 y el nombre rotulado de Hristo Stoichkov a la espalda –¿dónde se comprarían entonces las camisetas de imitación, dado que no podían encargarse por Internet al eficiente y servicial mercado negro tailandés?-, uno tenía de pequeño la oportunidad de llegar a clase con malas pulgas, gritar cuatro improperios con fingido acento búlgaro, pisar descaradamente el pie de la seño mientras te señalaba el camino para abandonar el aula y escupir en la cara del director en su propio despacho. Sigue leyendo

Significado actual de las bodas

Como dice la humorista argentina Charo López en uno de los ‘sketches’ del programa Cualca: “¿Cómo que te casás? ¿Pero vos sos gay? ¿No? Ah, pero yo pensé que los gays se casaban ahora nada más… ¿Es que es muy religiosa? ¿No? Rarísimo…” Pues sí, por lo visto la gente aún se casa. Aunque la cifra de matrimonios lleve los últimos treinta y cinco años en caída libre y alcanzase su número más bajo en el 2011, se ha producido un pequeño repunte en los dos últimos años. Las bodas civiles se han consolidado frente a las ceremonias religiosas y ahora dos de cada tres se producen fuera del seno de la Iglesia, pero eso sí, ya no abundan los matrimonios jóvenes y la media de edad se sitúa por encima de los treinta. Y es que al fin y al cabo, estas raves del amor son causa de más de un disgusto cuando llega el fatídico momento de prepararlas. No he encontrado estadísticas sobre el número de divorcios que ha provocado la organización de bodas, pero me imagino que el Gobierno, la CIA, los servicios de catering para bodas o los negocios de alquiler de trajes han decidido silenciar estos datos para no asustar a la población.

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Si ya hemos tomado la firme decisión de contraer nupcias o alguien la ha tomado por nosotros y no hemos sabido decir que no (también pasa y probablemente no solo dentro de mi imaginación), el primer paso es respirar profundo y el segundo empezar a mirar empresas que se dediquen a hacer que tu gran día parezca sacado de un guion de una película de Walt Disney (pero sin las muertes dramáticas al inicio ni el antisemitismo). Lo bueno de contratar a expertos, es que manejan hasta el más mínimo detalle y suelen tener muchos tipos de formatos que seguramente se adecúen al gusto particular de cada pareja. Con esto nos quitamos gran parte del trabajo y lo dejamos tranquilamente en manos de profesionales. Y es que son muchas cosas a tener en cuenta: desde el protocolo a seguir, la decoración, las flores, el banquete, etc. No se ocupan de los niños pequeños llorando ni de tu cuñado agitando una copa de vino y contando chistes faltones, pero en el resto de cosas intentan no dejar margen al error.

Incluso ahora existen estos cursos de wedding planner en los que te enseñan actividades como negociar convenios de cooperación, fórmulas mercantiles en este terreno, análisis de mercado o, también, diferentes ideas para el vestuario e ideas originales para ese día. Como veis ya está todo inventado, salvo el monopatín flotante de Regreso al Futuro. Sigue leyendo

La vida del estudiante, ¿tan buena como dicen?

¡Ah… La vida del estudiante! Qué bonita mezcla de alegría, ilusión, arrogancia y esa segura y firme sensación de poder comerte el mundo a cada paso. ¿Qué mejor sitio para manifestar estos estados de ánimo que en el ajetreado ecosistema de los campus universitarios?

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Las universidades aparecen en Europa a principios del segundo milenio. En Bolonia surge la primera que podríamos considerar como tal en el año 1089, ofreciendo a sus medievales y acaudalados alumnos (que no alumnas) conocimientos de Derecho, en primer lugar, y Teología, Medicina, etc., después. En España, al igual que nos ocurre con la moda y las tendencias musicales, tardamos unos cuantos años en enterarnos de estas nuevas herramientas de difusión del conocimiento. La primera surge en Palencia en el 1208, y esta acabaría conformando la Universidad de Valladolid. La famosa Universidad de Salamanca data de diez años después, en 1218, aunque ya había germinado desde el año 1130 a partir de unas Escuelas de la Catedral. Pero estos argumentos sirven poco más que para que palentinos y charros saquen pecho y se discutan su transcendencia durante alguna fiesta patronal o en bodas y comuniones. A partir de este momento, las universidades se expanden por todo el mundo conocido y llegan a América introducidas tras la conquista española.

En el municipio de Macuspana (en el estado mexicano de Tabasco) se encuentran manuscritos que datan de principios del siglo XVII en los que se describe así a los estudiantes universitarios: “…La gran mayoría de ellos han caído en hábitos de una vida disoluta y viciosa, aunque unos cuantos, después de varios años de sufrimiento y sacrificios, han obtenido posiciones respetables. (…) Los estudiantes toman cerveza en grandes cantidades, debido a que esta bebida es barata y accesible, y cada uno lleva su propia espada a sus clases. Se organizan en pandillas y, en estado de ebriedad, entran en las iglesias, ahogan con sus gritos la voz del sacerdote y agarran a las mujeres presentes para bailar con ellas…”. Está claro que lo de cualquier tiempo pasado fue mejor y que las fiestas universitarias son cosas de la juventud moderna es un mito. Porque siendo claros, la vida estudiantil universitaria siempre ha ido ligada a la diversión extramuros. Véanse tradiciones tan interesantes como la celebración del Lunes de Aguas en Salamanca (que era la alegría desatada entre los estudiantes por el regreso a la ciudad de las prostitutas, a través del río Tormes, tras su exilio durante la cuaresma) o las asociaciones como la tuna, una especie de cuñao’ de la picaresca, pero que se ha mantenido hasta nuestros días con más o menos glamour, incluso protagonizando bochornosos a la par de entrañables peliculones patrios como Tuno negro, donde lo más destacable es que Jorge Sanz (¡atención, spoiler!) muere, lo que puede verse como una sentida metáfora del cine español.

¿Es entonces todo alegría y diversión durante nuestra etapa universitaria? Según la filmografía estadounidense son fiestas continuas donde abundan el alcohol, las chicas fáciles, tipos musculosos del equipo de fútbol americano, nerds (nosotros) y aprobados sin casi estudiar a final de cada curso. Claro que según el cine americano en España vestimos con ponchos y tenemos un marcado acento mexicano. El primer contacto suele ser bastante dramático, una especie de segundo parto hacia un terreno desconocido de novatadas y forzosos comportamientos vergonzosos. Si nos inscribimos en una , hay que tener claro que, muy probablemente, tengamos que pasar por ese incómodo rito social y notablemente paleto. Si mantenemos la mente despejada podremos llegar a la conclusión de que sólo hay dos formas de superar ese momento: con actitud pragmática y sin dramatismos, aceptando las bromas y tratando de divertirte lo máximo posible o la segunda opción, la que no debes tomar. Eso sí, estas actividades siempre han de ser respetuosas con los novatos y con el fin de ayudarles a integrarse, rechazando todo tipo de comportamientos humillantes y agresivos por parte de los veteranos (gracias a los cuales los medios de comunicación rellenan sus informativos durante todos los meses de octubre). No todo son desventajas, ya que en estas residencias es fácil encontrar un buen grupo de amigos con los que compartir aficiones y estudios. Sigue leyendo

Fumar marihuana

Fumar marihuana“Como ha quedado bien documentado, fumé marihuana de joven y yo lo veo como un mal hábito y un vicio no muy diferente a los cigarrillos que he fumado durante mi juventud y en gran parte de mi vida adulta. No creo que sea más peligroso que el alcohol”, se destapaba Barack Obama el mes pasado en una entrevista para el semanario New Yorker. Y si Barack Obama, líder del mundo libre, dice que fumar marihuana no es muy distinto a fumar tabaco e incluso menos perjudicial que beber alcohol, por algo debe ser. Nada que no supieran la legendaria banda rockera Los Porretas, cuando en su tema Marihuana espetaban aquel “tú que la criticas y le pegas al orujo”.

La marihuana acompaña al ser humano, dueño de una curiosidad natural e insaciable hacia los psicotrópicos, desde los inicios de su historia. El cáñamo, el cannabis y la marihuana aparecen ya en escritos chinos datados nada menos que en el siglo XXVIII antes de Cristo y asociados al reinado de Shen Nung o Shennong, una figura a caballo entre la historia y la leyenda y considerado por la tradición del país oriental como el introductor de la agricultura. También en Asia, concretamente en el subcontinente indio, aparece el uso de la marihuana en diversas ceremonias religiosas desde el segundo milenio antes de Cristo, amparada por sus propiedades para expandir los horizontes de la mente, robustecer la salud y actuar como vigorizante sexual, aparte por supuesto de su empleo como alucinógeno ligero.

Como lo bueno no tarda en conocerse, a partir del 500 antes de Cristo comienzan a florecer los primeros porreros del Medio Oriente. Hay quien dice que incluso en el Antiguo Testamento hay unas cuantas referencias al cáñamo –además de una buena cantidad de ilusiones visuales y auditivas que bien podrían compararse con los efectos de un colocón en condiciones-. Quizás el Árbol de la Ciencia plantado en medio del Edén no daba precisamente manzanas. Poco más tarde, durante la Grecia Clásica, aparece la primera descripción de un submarino –fumar canutos de marihuana de forma incesante dentro de un espacio pequeño y cerrado, para crear una densa atmósfera de humo-. El honor de tal invento recae sobre los escitas, pueblo nómada de las estepas de Europa del Este, quienes disponían de una cabaña en la que, sobre unas piedras ardientes, depositaban resina de cáñamo (hachís, vamos) y permanecían horas inhalándolo. Otra modalidad de la sauna. Es posible que lo combinaran con una especie de vino cuyos ingredientes incluían esta misma resina. En la Antigua Roma pasó a ser un producto cotizado, ya que se importaba de Egipto. Todavía su uso era recreativo y asociado a prácticas mágicas. En medicina, su aplicación no pasó de ofrecer un remedio casero para la otitis.

Tal era la fama de su cultivo en tierras norteafricanas que en el siglo XIV, ya con la región sometida bajo el Imperio islámico, algunos historiadores coetáneos achacaron su consumo a la decadencia de la sociedad egipcia. Sin embargo, algunos reductos religiosos y sacerdotes vinculados a cultos arcaicos prosiguieron reservándola en su botiquín como herramienta para la meditación. Nada como una correcta dosis de marihuana para ir con la actitud adecuada a consultarle a la almohada sobre lo divino y lo humano. Los dioses así lo prescriben.

Con el descubrimiento de América, la marihuana descubre nuevos territorios por conquistar. Bajo la excusa de que el cannabis es ideal para fabricar cuerdas, los colonos españoles e ingleses poblaron de marihuana los campos de Chile y Virginia. El mismísimo George Washington dispondría de unos cuantos armarios de cultivo en los que separaba plantas macho de plantas hembra, según confesaba, para fines medicinales. No consta en cambio que el bueno de George padeciera glaucoma o náuseas matutinas. No obstante, esta tradición médica del cannabis será moneda común en la farmacopea de los Estados Unidos hasta su restricción en 1942 -claro que también la cocaína era un recurso habitual de la medicina y la psicología y, además, componía uno de los principales ingredientes de la Coca-Cola, como su propio nombre indica-. Sigue leyendo

Despropósitos de Año Nuevo

Día 1 de enero del año en curso. Trato de despegar los párpados de las córneas, fundidas todo en uno por el mejunje que conforma la atmósfera de mi desvencijada leonera, compuesta por un cóctel agitado y no mezclado de gin tonic, efluvios y vapores alcohólicos de procedencia indeterminada, cierto olor a sudor, peste hedionda a pies sin lavar, un toque ligero de polvo no sacudido y a baba pegajosa en rostro y almohada. Abandonado como un perro por el amor y la salud, castigado por excesos que no llevaron a ningún lado, acudo presto al váter a ahogar una náusea que amenazaba con transmutarse en vómito. Dejo correr el hilillo de lágrimas, bilis y saliva que pende desafiante ante… Sigue leyendo

¿El friki nace o se hace?

Desde que el hombre es hombre, el friki es friki. Los has visto nacer, crecer y reproducirse (solo en contados casos) desde tu infancia, aunque hasta el nuevo milenio no has sido consciente de su etiquetado bajo la denominación de origen “friki”; adjetivo primero, sustantivo después. El rarito, el marginado, el gilí -¿quién no recuerda el capítulo aquel en el que Homer Simpson regresa a la Universidad y se asocia, a su pesar, con un grupo de estudiosos gilís para aprobar su examen pendiente?-. Es decir, una especie propia de homínido que se caracteriza por desarrollar en modo obsesivo unas aficiones e inquietudes consideradas exclusivas y minoritarias. El mismo que en Atapuerca prefería quedarse mirando las pinturas rupestres en el interior de la cueva en vez de salir al campo y cazar un bisonte para el almuerzo, aquel que acudía a las orgías dionisíacas de la Antigua Roma vistiendo camisetas de la última obra teatral de Livio Andrónico metidas por dentro del pantalón en vez de portar sensuales togas a la moda, el individuo que en la Edad Media rechazaba el saludable arte de quemar brujas porque “no creía en esas tonterías” y al final acababa ardiendo junto a ellas en la hoguera, quizás ligeramente excitado por la proximidad del contacto femenino.

El friki nace o se hace

Y es que es la inferioridad numérica, el carácter insólito y la aparente soledad la que hace al friki, porque ¿acaso es menos friki un aficionado al fútbol que acude al estadio, con bocina sombrero repleto de pins del equipo y un disfraz de Naranjito o el adolescente dominado por el acné que se presenta disfrazado de Son Gohan en una convención nacional del manga?

En cualquier caso, dadas las dificultades de abrirse paso en este sin par mundo friki de alegría y color, baste discriminar unas cuantas subespecies o grupúsculos que destacan dentro del conjunto global del friki. Es cierto que todas pueden fusionarse e hibridar entre ellas, pero lo más habitual es que sus camisetas frikis, serigrafiadas con los emblemas de su tribu -aprovecho para recomendaros que os deis un paseo por la web de fanisetas.com-, acaben por delatarlos:

  • Los Freaks. Sus orígenes etimológicos dentro de la lengua de Shakespeare no son nada agradables: sirve para designar a fenómenos de la naturaleza, identificados en concreto con todas aquellas personas que sufren anomalías físicas o mentales que, en teoría, los separan de la supuesta “normalidad”. Un buen ejemplo sería la película Freaks, de Tod Browning, traducida en España como La parada de los monstruos. Con el tiempo, su uso se ha extendido hasta adquirir un significado más amplio y menos incorrecto políticamente, ya que alude a individuos dotados de gustos y modos de vida extravagantes. Su popularización en nuestro país, germen de la aparición de la palabra friki en el hablante español, se debe al legendario programa de televisión Crónicas marcianas. En desuso.
  • El Geek. El científico Burr Settles define al geek como “un entusiasta de un tema o campo en particular, orientado en coleccionar, reunir datos y recuerdos relacionados con su tema de interés y obsesionado con lo más nuevo, lo más cool, lo más de moda que su tema tiene para ofrecer”. Por su parte, el Jargon File, glosario y biblia del argot hacker, lo contempla de la manera siguiente: “Una persona que ha elegido la concentración en vez del conformismo; alguien que persigue la habilidad (especialmente la habilidad técnica) y la imaginación, en vez de la aceptación social de la mayoría. Los geeks habitualmente padecen una versión aguda deneofilia (sentirse atraídos, excitados y complacidos por cualquier cosa «nueva»). La mayor parte de los geeks son hábiles con los ordenadores y entienden la palabra hacker como un término de respeto, pero no todos ellos son hackers. De hecho algunos que son hackers de todas formas se llaman a sí mismos geeks porque consideran (y con toda la razón) que el término «hacker» debe ser una etiqueta que otras personas le pongan a uno, más que una etiqueta alguien se ponga a sí mismo.” Las conclusiones generales que se extrae de ello es que el geek es un apasionado de algo, en especial de la informática, la tecnología e internet. En principio, se trataba de un término peyorativo, si bien a partir de la década de los noventa su carga negativa se ha ido suavizando a partir de su distinción frente a otros estereotipos como el nerd y de la masificación del consumo informático. A grandes rasgos, casi todas las categorías posteriores pueden englobarse dentro de este gran colectivo geek, pero no al revés. Y respétalos, pueden ser los encargados de crear tu app favorita del mes que viene con este sencillo software. Sigue leyendo

La horterada de San Valentín

Ah, San Valentín. Es probable que al homo sapiens medio de sexo masculino le sea imposible memorizar y recordar fechas señaladas como el aniversario de su relación sentimental o el cumpleaños de su pareja o cónyuge, tanto más en tiempos en los que dispone de las redes sociales como principal herramienta de secretariado a jornada parcial y espía a tiempo completo. Sin embargo, todo hombre sabe que una vez iniciado febrero se aproxima una fecha señalada en rojo, quizás por medio de un contorno en forma de tierno corazoncito, en la cual ha de volcar su versión más romántica y entregada –probablemente también en compensación por los anteriores olvidos-.

Es ahí cuando el ingenio del macho, individuo sensible y conquistador, le hace combinar de forma intuitiva un regalo que intuye placentero, como la reserva de una habitación en un hotel de 5 estrellas en Barcelona, OLYMPUS DIGITAL CAMERAcon una acción impelida por el instinto y el deseo desenfrenado, acuciada por las expectativas de una noche de amor, caso de la compra de condones a granel. Por supuesto, la visualización de las posibilidades de un hotel de lujo solo se da entre los especímenes más evolucionados. Por lo general, un tique de descuento para tratamientos de cosmética natural, previamente arrancado de la guía telefónica de 2012, o un paseo gratis y a toda velocidad por los almacenes de aquel primo suyo metido a mayorista de ropa de mujer, se consideran incentivos suficientes como para cumplir en el aspecto romántico.

No obstante, en caso de decepción, el homo sapiens medio de sexo masculino siempre podrá acudir a su intelecto racional y ponderado y aducir ante su parienta que todo este embrollo de San Valentín no es más que un invento de los pérfidos publicistas de Madison Avenue, Nueva York, Estados Unidos, creado ex profeso para incrementar los beneficios en el negocio de la ropa de mujer, los zapatos de fiesta, los bombones rancios, las postales cutres y los peluches horteras. Acuérdense y reproduzcan el discurso de Don Draper, macho alfa de la serie Mad Men, cuando confesaba que “lo que usted llama amor es algo que hemos inventado tipos como yo para vender medias”. Después, traten de esquivar el bofetón que se les venga encima. Sigue leyendo

Jóvenes que hacen calceta: el DIY

Cuando ya las ancianas de los pueblos se quejaban de la falta de interés de los jóvenes, cuando los jóvenes parecían más interesados en las nuevas tecnologías que en asuntos que durante años han sido cotidianos, surge el DIY (‘Do it yourself‘) o el ‘hágalo usted mismo’. Una nueva actividad que mantiene ocupados a multitud de jóvenes atraídos por el ahorro económico y por la diferencia que marca realizarse uno propio sus propios productos (aunque siempre pueda comprarlos en una tienda de productos hechos a mano, como Primera Edad, y luego decir que los ha hecho uno mismo).

Manualidades para decoración, regalos, realización de muñecos, arreglos aplicables a las últimas tendencias de moda para ropa e incluso bordados para bebé. El DIY ha derivado en que parte de la juventud, especialmente chicas, se interese por fin por aquello que han visto a sus abuelas hacer durante años. Coser con máquina, bordar, hacer ganchillo y otro tipo de actividades que se han granjeado el respeto de quienes aún no tienen la maña suficiente para realizarse su propio gorro de lana o un adorno para el bolso.

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Sin embargo, la práctica hacer calceta o punto también se han actualizado, al menos en cuanto a nombre se refiere. Como la mayoría de conceptos actuales, esta actividad es más conocida por los jóvenes como ‘kintting’. Otro ejemplo de cómo hacer ganchillo, punto o cualquier actividad dentro del DIY que se adapta a los nuevos tiempos es la sustitución de las tradicionales revistas de patrones por plantillas que se encuentran en diferentes blogs de Internet, que además inspiran sobre nuevos diseños o técnicas. Y además, las herramientas o las lanas se venden por Internet, o lo que es lo mismo, dándose la estas actividades tan tradicionales con las demandas de las nuevas generaciones a través de la compra por Internet.

Encontrar a jóvenes reunidos alrededor de una mesa haciendo punto en lugar de pasarse las tardes delante de un ordenador ha llevado a algunos a aplicar el simpático concepto de viejoven. Sin embargo, más que un intento de imitar a sus antecesores, el origen del DIY puede encontrarse en el ahorro económico con respecto a algunos productos (por ejemplo, jerséis de lana que en tiendas pueden alcanzar precios desobirtados con respecto a una madeja de lana). Algunas teorías asocian el nacimiento de esta práctica como una forma de protesta ante el consumismo (“se rompe, compro otro” frente al “se rompe, lo arreglo”). Sigue leyendo

La moda de los productos ecológicos

Aunque durante años han sido los gurús (y magnates) de la cosmética los encargados de decidir qué necesitaban las mujeres y cada vez más los hombres, en los últimos tiempos ha habido alguna modificación. Las grandes firmas de cosméticos, por una vez hacen caso de las demandas ecológicas de muchos usuarios y apuestan por la cosmética ecológica. Aunque ecológico pueda significar realmente sin hacer daño al entorno, lo cierto es que cuando se habla de cosmética la palabra ‘ecológica’ suele referirse a aquello que en su elaboración incluye elementos naturales o ecológicos.  Aún así, supone un gran paso.

La moda de los productos ecológicos viene dada en gran medida por la exigencia de muchas personas por cosméticos sin parabenos y productos del mar Muerto a empresas cosméticas como Dr Nona. Se trata de una sustancia que se usa para la fabricación de cosméticos de belleza e higiene cotidiana, como desodorantes, y que  algunos expertos relacionaron con la aparición de cáncer. Desde entonces, la gente volvió la vista a los efectos, ingredientes y beneficios de la cosmética natural.

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No en vano la naturaleza lanza productos casi de forma directa. Son muchas las plantas que contienen propiedades medicinales y estéticas y que llevan usándose siglos. Lo que las industrias ecológicas hacen es extraer de esas plantas las moléculas que las dotan de sus características, y con ellas elaboran los productos cosméticos. Otras moléculas son creadas química y artificialmente. Además, algunas firmas de laboratorios cosméticos cuentan con cierta fama de maltrato y experimentación animal, algo que a muchos les parece repulsivo. Sigue leyendo